Protagonistas - 21 Agosto 2020
Solidaridad y vocación: cómo es ser médico voluntario en una pandemia

La llegada del Covid-19 al mundo modificó la vida de la humanidad entera. El caos y la tristeza invadieron a las sociedades sin distinción alguna, ya que bien podemos decir, se trata de un virus democrático que no discrimina clase social, religión ni género. En ese contexto, historias como la de Juan José Martínez Comas nos hacen como mínimo emocionarnos, y sirven de ejemplo en vísperas de la construcción de una sociedad mejor, con otros valores y mayor solidaridad.

A sus 28 años, Martínez Comas se disponía este año comenzar a cursar su residencia hospitalaria. Recibido en diciembre del año pasado de médico en la Universidad Nacional de La Matanza, tiene decidido especializarse en anestesiología, pero la llegada del nuevo coronavirus detuvo abruptamente sus planes.

Cuando el 19 de marzo se decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio en la Argentina, y con imágenes dramáticas que llegaban de Europa, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires habilitó la inscripción de profesionales de la salud y voluntarios para fortalecer el sistema sanitario y realizar tareas de ayuda en el contexto de la pandemia. La respuesta fue contundente, y más de 25.000 persona se anotaron.

Martínez Comas se enteró  por una amiga que estaban en la búsqueda de médicos en el Hospital Dr. Alberto Eurnekian de Ezeiza. Por medio de otro amigo que es concurrente del Servicio de Clínica del nosocomio, tomó la decisión de ofrecerse como médico voluntario en el Hospital Interzonal. La decisión, según contó a este medio, fue instantánea y no formó parte de un hecho aislado.

“Cuando esto explota yo me acuerdo que corría por mi casa, trataba de hacer actividad física, y dentro mío no paraba de pensar en que yo, con el arma de mi título pese a estar recién recibido, tenía que ayudar de alguna manera pero no sabía cómo”. Al llegarle la notificación con la búsqueda de personal médico destinado a colaborar ante la situación se contactó con su amigo, quien lo alertó de la peligrosidad de la situación:” Me dijo que me iba a meter en un caos, pero no me importó”, relató.

Con la ayuda lógica de sus nuevos compañeros de servicio, a raíz de su inexperiencia en lo que a práctica respecta, Martínez Comas participa en el ingreso/ revisión de los pacientes, realiza historias clínicas y se encarga de efectuar hisopados tanto dentro del hospital como a domicilio: “Ahora participo también en la ambulancia que va a los domicilios a testear a la población”. Según remarcó, el trato de todo el personal de salud hacia el “fue muy cálido en todo momento”.

Ante tanta información que circula sobre la enfermedad, Martínez Comas se refirió al tratamiento con plasma como un procedimiento que por el momento está arrojando resultados “muy positivos” en los pacientes. La terapia en sí consiste en la extracción de plasma en aquellas personas que estuvieron infectadas por Covid-19, el cual es rico en anticuerpos, para su posterior aplicación en pacientes que tienen el virus.

“Cuando uno ve las tomografías y análisis luego de realizar el tratamiento la mejora es muy evidente, y lo bueno es que la donación de plasma de una misma persona se puede realizar cada dos semanas, no es necesario esperar tanto tiempo como sucede con las donaciones tradicionales de sangre. Una bolsa de plasma sirve además para tres o cuatro personas”, explicó.

La decisión de ser médico voluntario y priorizar la vocación es un acto digno de admirar. “Es muy reconfortante recibir tanto afecto y apoyo por lo que uno hace”, ponderó. Sin embargo, en una muestra de madurez a destacar, afirmó: “No hay que romantizar la vocación. Yo amo la medicina y estoy convencido de lo que hago, pero esta pandemia tiene que servir para hacer una profunda revisión, no solo a nivel nacional sino mundial, del funcionamiento del sistema sanitario público tanto en hospitales como en centros más pequeños, así como de la valoración del personal”.

Para evitar poner en riesgo a su familia, “Juanjo”, como le dicen sus amigos, se encuentra aislado en uno de los centros que dispuso el municipio para personal sanitario. Allí, aprovecha su tiempo libre para continuar estudiando, ya que cuando la pandemia sea solo un mal recuerdo deberá comenzar su residencia médica.

En referencia a la cantidad creciente de casos, el único medico voluntario que llegó al hospital de Ezeiza para ponerle el pecho a la situación resaltó que “la crisis muestra la decadencia del ser humano”, en referencia a aquellos que aún se resisten a utilizar barbijo o a adoptar las medidas de distanciamiento social pertinentes.

El futuro, ese que todo el mundo desea que llegue de la mano de una vacuna, es una oportunidad única según su análisis para modificar aspectos que hacen a la humanidad: “Con los chicos del servicio hablamos de lo interesante que sería reescribir una nueva normalidad. Un mundo con menos desigualdades y con otros valores que nos hagan mejorar como especie”. Será cuestión de tiempo observar si eso es posible, en un mundo que necesita de más gestos como los de él.

 



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